No puedo entenderlo, si hasta hace pocos días eras mío, si eramos tan felices juntos, porque todo debió terminar de este modo? No era lo que esperaba, no era el adiós que tenían en mi mente, en realidad, no tenía un adiós. Pero sos hombre, y los hombres son así, te crean sueños, te hacen tocar el cielo con las manos, hasta que de golpe te bajan y desaparecen, y ya nunca más vuelves a verlos, eso es lo que eres tú. Aunque admito que por un momento me creí el cuento de hadas, ahora sé que por tu culpa no tendré ese final felíz.
lunes, 25 de agosto de 2008
No estoy.

No estoy. No la conozco. No quiero conocerla. Me repugna lo hueco, la afición al misterio, el culto a la ceniza, a cuanto se disgrega. Jamás he mantenido contacto con lo inerte. Si de algo he renegado es de la indiferencia. No aspiro a transmutarme, ni me tienta el reposo. Todavía me intrigan el absurdo, la gracia. No estoy para lo inmóvil, para lo inhabitado. Cuando venga a buscarme, díganle " se ha mudado".
jueves, 14 de agosto de 2008
Tengo el defecto-



Tengo el defecto de extrañarte y de pensarte todo el día. Tengo el defecto de sentirme atada a vos, y dependiente también. Mentiría si dijera que no tengo ganas de verte todas las mañanas, y despertarme sabiendo que no queda nada para verte, y desayunar con tus besos. Tengo el defecto de querer estar con vos hasta cansarme (nunca podría hacerlo) y de querer que me quieras más que yo. Tengo el defecto de necesitarte demasiado, y soñarte demasiado también. Tengo el defecto de pasarme horas pensando qué podría hacer por vos, para que no tuvieras nunca ninguna razón para dejar de sonreir, y verte feliz. Todos los días. Todos los días de tu vida. Y sentirme feliz al verte, y saber que siempre vas a estar ahí, pendiente de mí. Tengo el defecto de necesitarte a vos, no a alguien que se te parezca. Los demás son distintos, y ni siquiera puedo compararlos con vos. Tengo el defecto de quererte hasta enloquecer, y el defecto de saber que no voy a dejar de hacerlo.
miércoles, 13 de agosto de 2008
martes, 12 de agosto de 2008
Si tu personalidad es parecida a la de él.. ¡llamame!

Ya no me siento amargado, porque sé que lo que tuvimos era puro. Y si en el futuro lejano nos vemos en nuestras vidas nuevas, te sonreiré con alegría y recordaré del verano que pasamos debajo de los árboles, aprendiendo uno del otro, y con el amor creciendo. El mejor tipo de amor es aquel que despierta el alma y nos hace aspirar a más, nos enciende el corazón y nos trae paz a la mente. Eso es lo que tu me has dado y lo que yo esperaba darte siempre. }
Las cosas pierden identidad cuando él las toca, cuando él las visita, cuando él existe cerca. Mi subjetividad y mi imaginación habían hecho un pacto diabólico para volverme completamente loca. Necesitaba verlo nuevamente, pero como una droga: por el momento estaba satisfecha, no quería pedir más, no quería tener una sobredosis. Necesito, me da. Necesito, me da. Necesito, no esta. ¿Qué hago? Necesito. ¿Y qué más? Necesito. Necesito. Abstinencia: crisis de llanto, electricidad. Me da lo que necesito: un llamado, un mensaje de texto, unas palabras sin sentido o una patada en los testículos, en caso de que tuviera un par. ¿Lo que necesito? Me da lo que quiere darme sabiendo que voy a aceptar cualquier limosna que venga del Rey que le hice creer que es. Y entonces desaparece y necesito y no está y no vuelve y necesito y la abstinencia de nuevo y la electricidad y me duermo.
¿Quién los entiende?
A veces pareciera que si, que es posible, que atravesando el complicado laberinto de sus pensamientos uno ha llegado al fondo de ese lugar secreto, escondido, protegido por los cinco sentidos y lo ha encontrado... Pero un minuto después se rebela, cambia todas las huellas, las borra, cambia de voz, de piel, cambia la intensidad de la mirada, se vuelve hosco, lejano, inalcanzable... Y otra vez estamos fuera, otra vez comenzando. Con un hombre nunca se está en camino. Siempre se está empezando a caminar. Es que tal vez el no quería que le diéramos el corazón, tal vez quería una sonrisa, y nosotras exageradas como siempre, le dimos nuestra vida. Es probable que él buscaba la suavidad de nuestra piel, para sembrar en ella unos luceros que súbitamente le crecieron en la sangre y nosotras exageradas como siempre le dimos nuestra sangre. Quizás tan solo quería tener cerca nuestro silencio, para poder pensar que estaba acompañado, y nosotras exageradas como siempre, le dimos nuestros pensamientos. ¿Acaso no es cuando no damos nada, cuando más recibimos de un hombre? ¿Acaso no es cuando damos solamente un poco de nuestra piel, cuando recibimos todo de él, su piel, sus nervios, sus músculos tirantes, su clamor, su hoguera? ¿Acaso no es cuando le damos solamente el silencio, cuando recibimos su grito y su llamado, su pedido de rodillas?. ¿No es cuando le dejamos la duda, que nos ofrece todo con certeza, nos promete la luz, el agua, las estrellas?. Y cuando vamos por nuestro camino sin detenernos, él quiere llevarnos a su camino, dejarnos transitar por el, mostrarnos su puerto, y cuando no lo vemos, quiere que lo miremos. Y cuando no lo amamos, quiere amarnos y hace lo imposible para que dejemos caer sobre el una pequeña gota de amor, pequeña y transparente como una lágrima. Y sus manos son nido, cuando no somos pájaros. Y su ternura es vino, cuando no somos cántaro. Y su pasión es llama, cuando no somos leña. Y su cariño es un millón de luciérnagas cuando no somos noche, y su presencia es sol, cuando no somos cielo, ni día, ni le pertenecemos. Cuando nuestro jardín está sin siembra, el quiere recoger rosas. Cuando el muro es resbaladizo y alto, el quiere treparlo, y llegar hasta el final para ver que hay al otro lado. Lo que un hombre quiere es ser niño, cuando lo necesitamos hombre del todo. Ser hombre cuando inventamos para él un parque con una calesita y un montón de hamacas. Y quiere que volemos cuando el mismo ha cortado nuestras alas. Es por eso que no sé; verdaderamente no sé de quien nos enamoramos las mujeres, si de un hombre o de la idealización del hombre que tenemos en mente. Si de un hombre o de la imagen que tenemos guardada o inventada en nuestro corazón. Y creemos que le teme a la soledad, pero eso es lo que el más ama.. 'su soledad', el teme perderla. Por eso ¿Quién cree que conoce a un hombre?.. Son imprescindibles y tan esenciales, así como nosotras, pero ellos creen que siempre van a ganar; A veces lo hacen.
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